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Comentarios y oportunidades La generación y utilización eficaz del conocimiento en las organizaciones constituye un factor de eficiencia y competitividad de importancia creciente. Sin embargo, la sola existencia del conocimiento no garantiza la innovación, considerada como un proceso interactivo. La innovación, en un nivel más general, es un proceso que evoluciona de acuerdo a la calidad de las interacciones y vinculaciones entre los oferentes y demandantes de bienes y servicios, así como de los conocimientos y las tecnologías que permitan maximizar los beneficios de los participantes. Por lo anterior, se requiere reconocer el conocimiento disperso entre las organizaciones y dentro de ellas, sintetizarlo e incorporarlo en las actividades claves para impulsar un proceso continuo de innovación. En este contexto, existe la necesidad de combinar el conocimiento explícito (formal), tácito (know-how), la inteligencia competitiva, para aumentar la velocidad en producir cambios en las estructuras de conocimiento y la cantidad de respuestas efectivas que se dan en el tiempo y calidad a las demandas del entorno. Para que además haya apropiación del saber por parte de la sociedad y mejore la eficiencia innovadora de un país hay que determinar cuán intensas y extensas son las relaciones entre los sectores, elementos todos ellos de un sistema colectivo de creación y uso de conocimientos. Adicionalmente, esta apropiación depende de la existencia de una cultura de innovación en su población, en particular en los niveles de discusión y de la forma en la cual los recursos disponibles son manejados y organizados, tanto en los niveles estatales, como en las empresas y organizaciones. La conformación de sistemas de innovación puede permitir a un grupo social con recursos limitados hacer rápidos progresos a través de una apropiada combinación de tecnología nacional e importada con generación, adaptaciones y mejoras locales. Numerosos estudios demuestran que la cohesión social es un factor crítico para que las sociedades prosperen económicamente y para que el desarrollo sea sostenible. El capital social no es sólo la suma de las instituciones que configuran una sociedad, sino que es asimismo la materia que las mantiene juntas. El capital social facilita la coordinación y la cooperación, conforma la estructura social y permite el desarrollo de normas. Por otra parte, el desarrollo económico y social prospera cuando los representantes del estado, del sector empresarial y de la sociedad civil crean espacios a través de los cuales puedan identificar y alcanzar metas comunes. Las implicaciones prácticas para los proyectos de desarrollo emanan de pensar en términos de capital social. Algunas de las mismas son una consecuencia de la experiencia sobre el terreno. No obstante, interpretar desde la perspectiva del capital social estos resultados puede asegurar que algunas lecciones aprendidas circulen más rápidamente y que las mismas se apoyen en una base de apoyo más amplia. Otra tendencia muy fuerte en los estudios realizados en esta temática demuestran que la incorporación de los usuarios y beneficiarios en el diseño y la ejecución de los proyectos de desarrollo ayuda no sólo a producir proyectos más apropiados sino también asegura que dichos proyectos estén mejor enfocados para beneficiar a aquellos que tienen mayores necesidades. Incluir al usuario desde el comienzo ayuda a crear más confianza y legitimidad hacia el proyecto. La aplicación de innovación es una necesidad de todos los estratos de la sociedad y debe estar destinada a mejorar las condiciones sociales y económicas de la población. En la sociedad existen distintos actores, además del estado y las empresas, que son los dinamizadores de la creación y de la absorción de conocimiento por la sociedad en su conjunto y que incorporan innovación en su gestión, sus procesos y productos. Esencialmente la idea de sistema de innovación considera que la capacidad que debe desarrollar la sociedad toda para apropiarse del conocimiento es más que una simple suma de las actividades de los diferentes sectores, corresponde al resultado de la sinergia que proviene de las interacciones de los diferentes actores. Es por ello que la gestión del conocimiento y las tecnologías en todas sus modalidades luce como indispensable, en función de promover la competitividad mediante el uso de la innovación, el fortalecimiento del tejido industrial y social y el consenso de los empresarios con responsabilidad social. Así se maximizan los beneficios de los participantes, incluyendo las instituciones públicas y privadas, de índole empresarial, social, o política. Otras características que se rescatan en estos procesos de concertación y construcción de alianzas son: la corresponsabilidad, la búsqueda de la equidad, la cooperación crítica con el Estado, el diálogo de saberes, el protagonismo de los usuarios – beneficiarios de los procesos, la cultura de la rendición de cuentas, del monitoreo y evaluación periódica de resultados y productos y el carácter habilitador del agente externo. Esta iniciativa de la CAF promovería la competitividad, el diálogo entre los diferentes actores y maximizaría la contribución de la CAF en la consecución de mejoras de productividad que se traduzcan en mayores tasas de crecimiento económico.
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